Reto Malinche

Por : Comunicación y Eventos

Coach Amanda Galván / Gimnasio Chicáhuac

“No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos.” -Cesare Pavese

Es el sábado 23 de noviembre del 2019, son las 3 a.m., y en el complejo Kukulcán se empiezan a reunir todos los aventureros pertenecientes a la Universidad del Valle de Puebla, aquellos que decidieron salir de la zona de confort y enfrentar al Volcán La Malinche, que se encuentra entre los estados de Puebla y Tlaxcala.

Llegamos al refugio de La Malinche, a las 4:40 a.m., se empiezan las indicaciones, -no lleven peso innecesario, mantengan las manos libres por cualquier caída, vayan bien abrigados, alisten lámparas y lo más importante: vivan cada paso a la cima y reconozcan a la enorme naturaleza que nos rodea-.

Son las 5 a.m., empezamos el camino a la cima. Muchas preguntas -¿qué tipo de flora, qué tipo de fauna, cuánto vamos a caminar?-… Se siente un ambiente de esfuerzo físico, las respiraciones son muy agitadas y fuertes, tenemos que parar por que la agitación del corazón es muy fuerte.

Nos vamos aclimatando poco a poco, porque la altitud desde dónde empezamos (3,100 msnm) a la que teníamos que llegar, el cuerpo debía adaptarse poco a poco, pero sobre todo enseñarles a los aventureros UVP que nadie se queda atrás. Empezamos a subir cada vez más y a pesar de la temperatura el cuerpo denotaba calor, por el esfuerzo al caminar.

Comienza el espectáculo, el amanecer inicia, nosotros estamos a unos 3,900 msnm, es espectacular ver el Valle de Puebla y Tlaxcala con nuestro sol saliendo a lo lejos y al mismo tiempo tan cerca, ¡estábamos vivos! ¡Estábamos radiantes y asombrados de lo hermoso que puede ser aventurarse!

Llegamos al pico de la Chichita, se vislumbra la cima, la emoción es grande y el objetivo está a unas horas.
Se comienza la última fase del ascenso, se les pregunta a todos: -¿todo bien?, ¿Están listos para realizar su primera cumbre?- Algunos responden que las piernas les queman, algunos que el cansancio es latente, pero ¡nadie le dice que NO a la cima!

Después de una subida con arena, piedras inestables y enormes que rodean el primer grupo liderado por el estudiante Fernando Orduña, conquistan la cima 4,420 msnm. Es un paisaje que te deja sin aliento (a parte por el cansancio), es imponente el vislumbrar todos esos valles, esas montañas a lo lejos, ver el Pico de Orizaba, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, la comunidad UVP quedó asombrada.

Nos quedamos un aproximado de una hora en la cima, nadie quería bajar, el esfuerzo valía la pena y no se quería desechar tan rápidamente, pero era necesario pues el frío en las alturas es abrazador. Comienza el descenso, en el cual se debe ser bastante meticuloso, cuidadoso y muy observador. A pesar de ellos, suceden algunos resbalones y caídas donde todos ríen, disfrutando de la última fase del viaje. El hambre comienza a hacer de las suyas, todos empiezan a entrar en tensión, sin embargo, ya estábamos sólo a una hora de llegar al punto de comienzo.

Sin duda, para algunos esa comida, habrá sido la más rica que han probado desde hace mucho tiempo. La aventura concluyó, con todos agotados pero sumamente felices, convencidos de volverlo a hacer, pero ahora con un desafío más grande.

Nuestro objetivo como Gimnasio Universitario, ha sido alcanzado, les hemos dado a la comunidad UVP la experiencia de conquistar una de las cimas de nuestro país, y con ello el interés de seguir entrenando para el próximo ¡reto Chicáhuac!

P.D. Agradecemos a los Rover´s Scouts del grupo XXVI de Puebla, por el apoyo y servicio en esta gran aventura.

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